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  • Sébastien Bangandu

Con la alegría que nos dejó nuestro año jubilar, los laicos asuncionistas iniciamos este 2021 con un proyecto nuevo, nuestro taller de escuc

Maricarmen

ha al que hemos llamado: “En medio de la Tormenta un espacio para escuchar y calmar el corazón”.


Hace un año todo México escuchaba del nuevo Virus Sars Covid 2, y sabíamos que pronto llegaría a México, pero jamás imaginábamos lo que estaba por venir. El 23 de marzo se declaró la pandemia en nuestro país con la alerta por covid con las consecuencias que ya de todos es sabido.


Tomándonos por sorpresa a todos, gobierno local y federal, autoridades en materia de salud, ciudadanía, empezando a dejar graves estragos en mujeres y hombres de cualquier edad, condición social, creencias y valores, golpeando sin piedad uno de lo más preciado que poseemos: nuestra salud, en lo espiritual y en lo físico, dejando en la actualidad poco más de 119 mil personas sin vida con todo el dolor que esto implica.


De igual forma, en lo material, la economía ha dejado fuertes huellas, debido a la pérdida de empleos, cierre de comercios. Las escuelas cerradas en todos los niveles, alumnos y profesores intentando una nueva forma de enseñanza, con nuevas técnicas y verdaderas hazañas.


Valorando lo que dábamos por hecho, pero en las más de las ocasiones lamentado, añorando, y de manera inconsciente y consiente en nosotros se han quedado huellas de angustia, frustración, enojo.


Pues es así que todo esto y mucho más es lo que pretendemos con la gracia de Dios y a la luz de las enseñanzas del Venerable Manuel Dalzón, COMPARTIR y ESCUCHAR en este taller de escucha que se llevara a cabo si nuestro buen Dios lo permite en día sábado 16 de enero de las 7 de la noche hasta las 8:30.


Sobre todo, y ante todo ESCUCHAR, pues somos muchas las voces que queremos y quieren expresar esta experiencia personal que sin distinción nos ha dejado la pandemia.

El 2020 nos tomó por sorpresa, era algo que se veía venir, hoy 2020, llego y sigue aquí, permanece dejando huellas de miedo, tristeza, angustia.


Sin duda el Espíritu Santo ha permitido descubrir maravillas en esta TORMENTA. Y serán estas las que también compartiremos.


Una oportunidad muy grande la que nos ofrece Dios en este taller, muchas expectativas ya que como siempre las enseñanzas de nuestro Venerable Manuel Dalzón nos permiten, con iniciativa, audacia y desprendimiento, dar y recibir, a través de la ESCUCHA.


Maricarmen Martínez Álvarez

Laica asuncionista

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  • Sébastien Bangandu

Karlet Martínez Ponce

En tiempos de pandemia, convertimos el miedo en esperanza y participamos en el encuentro d’Alzon convencidos de que hoy, es cuando el mundo más nos necesita. Frase del D'alzoniano XXII online. Cómo bien dice la frase, fue en tiempo de pandemia, fue un poco más complicado ya que es uno de los primeros encuentros d'Alzonianos realizado de manera virtual, fue un desafío, pero no imposible, sobre todo por la metodología que nos tocó a cada uno desenvolver en los trabajos que realizamos y así sucesivamente.

Todo esto nos llevó a tener dificultades para la organización, pero trabajando en equipo logramos sacar adelante todo, claro, no podíamos dejar pasar la celebración de la Pascua de nuestro fundador el “Venerable Padre Manuel d'Alzon” aun en estos tiempos difíciles que estamos viviendo, pues es cuando más tenemos que salir al encuentro del y con el hermano, para trasmitir el reino buscando los medios para esto.

Fue así que decidimos transmitir la alegría de ser parte de la Fraternidad Asuncionista por medio de las redes sociales, usando el #Dalzoniano_online, como dice el Papa Francisco “Jóvenes, hagan lío” haciendo resonancia a estas palabras decidimos iniciar este encuentro con los jóvenes valiéndonos de los recursos en línea como son conferencias virtuales.

Fue una experiencia muy diferente sin embargo fue maravillosa, trabajar desde una línea diferente a lo que son normalmente los encuentros d'Alzonianos nos impulsó para no perder el espíritu “Asuncionista” y para llenarnos del gozo del Señor Jesucristo, siendo nuestra fuente de inspiración, el padre Manuel d'Alzon.

Uno de los temas con el que iniciamos el encuentro fue “la vida de Manuel D'alzon” el cual tuve el honor de desarrollar. Nuestro segundo tema fue “La Asunción y la fraternidad” impartido por nuestro Sacerdote el Padre Oswaldo García, continuamos con “La dimensión social de la fe” desarrollado por Maricarmen Martinez, en el cuarto tema tuvimos como título “ Fraternidad a escala del mundo entero” dado por Marlen Morales , llegando a la conclusión de nuestros encuentro con “la alegría de la fraternidad” por Aurora Bollo.

Al mismo tiempo realizamos algunas otras actividades dentro de la cuenta de Facebook. Con la ayuda de ellos y el consejo de Fraternidad todo esto fue posible. Agradezco a todos lo que estuvieron presentes y al apoyo que recibimos de las personas.


Karlet Martínez Ponce, miembro del OPAM

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  • Sébastien Bangandu

Seguramente alguna vez te has puesto a pensar sobre quiénes son tus verdaderos amigos. Incluso, por una mala jugada, nos hemos sentido traicionados por las personas que más queremos. Pero ¿Qué significa la amistad? ¿Qué implica ser amigo y tener amigos? ¿Cómo puedo reconocer la verdadera amistad?


El P. Emanuel d’Azon nos da ejemplo de la amistad desde una perspectiva cristiana. De hecho, él mismo vive la amistad de una manera tan pura que trasciende todas sus limitaciones, y con su ejemplo, nos encamina hacia el punto central de la amistad: el amor.

Es curioso que varios libros sobre d’Alzon aborden el tema de la amistad; por ejemplo, el texto El padre Manuel d’Alzon por dentro, que escribieron nuestros hermanos de chile, comienza precisamente con dicha cuestión.

La respuesta a esto es que, durante toda su vida, d’Alzon vivió relaciones de amistad muy profundas. Es más, me atrevo a decir que no se puede conocer a d’Alzon si no es a través de los lazos amistosos que fundó con santa María Eugenia, Louglien d’Esgrigny, e incluso con Felicité de Lamenais, por decir algunos.

El origen de la amistad

El padre d’Alzon se pregunta en una de sus meditaciones[1] sobre cuál es el origen de la amistad. Dice, acertadamente, que la amistad es la “fuente si no de las emociones más violentas, sí de los sentimientos más puros y duraderos.” Pero para él, dicha fuente no tiene su origen en el hombre.

El ser humano dentro de todas sus limitaciones no puede ser el principio de la amistad, ya que la amistad conlleva un sentimiento de amor más puro. “Este principio no está en él [el hombre] y si de él [el principio] participa, se da bien cuenta de que emana de otra parte.” Con esta idea, d’Alzon quiere dar a entender que la amistad viene de Dios.

No hay que concebir este concepto de amistad de manera superficial o vaga, sino que debemos percibirla como un sentimiento divino. Por ello, solo una cosa hay por hacer: “creer y luego amar, conocer mediante la fe y luego actuar según el mandamiento nuevo.” En esta última frase está implícita la palabra clave para comprender la amistad como d’Alzon la entendía, es el mandamiento del amor. ”He ahí la amistad en toda su perfección: hay que amar como amaba Jesús.”

La amistad se origina de un lazo natural de un hombre con su semejante, sin embargo, el amor que da vida a este lazo surge de Jesús mismo. No solo se origina en Él, sino que en Él se purifica. Pareciera que hay niveles de amistad, uno donde solo es una relación seca y superficial que alguien tiene con otra persona; y la otra, cuando esta relación seca y superficial viene a la vida a través del amor a Jesucristo y en Jesucristo.

El amor que se extiende a la humanidad

Ahora bien, el amor no solo comprende a dos individuos, sino que se extiende a toda la creación. Es por eso que d’Alzon se refiere al mandamiento de Jesús: “ámense los unos a los otros como yo los he amado.”[2] Al parecer, aquí hace una mezcla de los conceptos amistad y amor refiriéndose a lo mismo como si el amor fuera la esencia de la amistad y dentro de esto está implícita la idea de Dios a manera de cimiento.

¿Puede concebirse algo más maravilloso para los hombres que esta sociedad en que Dios es el principio, el alimento y el término? El amor brota de Dios, por él subsiste y en él llega a plenitud. El amor a los demás, aquí, no parece sino como otro lazo más que nos relaciona con Dios. Pareciera que nuestro amor a Dios aumenta con el amor a todos aquellos a quienes amamos.[3]

Es hermoso concebir esta realidad de la amistad como un todo en el amor. El amor nos une con Dios y al mismo tiempo con el hermano. Ese mismo amor es el fundamento de la amistad que debemos tener. Por ello, la amistad es verdadera solo cuando se construye en el amor a Dios.

Pero ¿qué sucede con aquellas amistades que se quiebran o desaparecen? d’Alzon dice que una amistad inauténtica se da cuando solo se la busca en el hombre, es decir, cuando no vamos más allá de una simple compañía física, cuando no buscamos al Dios-amor para que venga a dar vida a ese lazo que queremos erigir.

En otras palabras, dice “que los corazones no saben gravitar alrededor del centro eterno del amor infinito; es que no saben que para amar hay que creer en la palabra de Dios.”[4] Esta idea nos remonta a lo que comentaba al principio de este texto: hay que creer y luego amar, conocer mediante la fe y luego actuar según el mandamiento nuevo.

Consumirnos en la unidad

Por otra parte, la amistad requiere de sacrificios. “El sacrificio de nosotros mismos que hacemos para consumirnos en la unidad, nos hace crecer mediante aquellos a quienes nos unimos así, estando ellos mismos unidos a Dios, ya que le pertenecemos también mediante aquellos a quienes amamos y que también le pertenecen.” A veces es necesario deshacernos de todo ese ropaje egoísta para poder vivir la unidad de manera más significativa.

Dentro de las relaciones amistosas del P. d’Alzon puedo reconocer dos características prácticas y esenciales: la confianza plena y el interés por el bienestar del otro. Por ejemplo, cuando estaba joven tenía muchas inquietudes vocacionales, una de ellas era ser militar. Hablar de la vocación y de las ideas que están en nuestro interior no es fácil, lo digo por experiencia, sin embargo, d’Alzon confiaba plenamente en su amigo que a través de sus cartas expresaba todo lo que había en su mente y en su corazón.[5]

Otro ejemplo es la amistad que tuvo con Felicité de Lamenais. Sabemos que Lamenais estaba a punto de ser condenado por el papa, pese a ello, d’Alzon expresa en una de sus cartas la preocupación que este hecho le suscitaba. De una manera bondadosa y firme siempre estaba a disposición de los demás, haciendo corrección fraterna y acompañando en la fe. Lo mismo vemos en su relación con santa María Eugenia, no solo se trata de confianza o preocupación mutua, sino que establecen su amistad por completo en Dios, tanto así que ambos llegan a fundar la familia de la asunción.

¡Ahora todo tiene sentido!

Desde esta concepción de amistad alzoninana, puedo decir que por eso hay muchas personas que llegan a nuestras vidas y se quedan para siempre; porque no solo creamos relaciones superficiales, sino que hacemos crecer la amistad en el amor, en Dios mismo.

Piensa en aquel amigo o amiga que conociste en la iglesia, pareciera que es un regalo de Dios con quien compartimos la vida. A veces hacemos oración juntos o pedimos por el bienestar del otro. Otras veces reconocemos el amor en las dificultades, cuando mi amigo o amiga está ahí para apoyarnos y llevarnos a Dios.

Hagamos que esta experiencia de amor en nuestras relaciones de amistad se extienda a toda la gente que está a nuestro alrededor. Demos ejemplo de una buena amistad a través de la acción dentro de la iglesia y la sociedad en general. ¡Hoy más que nunca necesitamos alimentar la amistad con el amor puro que solo viene de Dios!


Rafael Huerta Ramos, a.a.

 

[1] En la meditación de Junio de 1829. [2] Juan 13:34-35 [3] Emanuel d’Alzón, meditación sobre la amistad, Junio de 1829. [4] Idem. [5] Carta a Luglien d’Esgrigny, 24 de enero de 1830.

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