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Padre Gary Perron, a.a.

Soy el P. Gary Perron Mayhew. Nací en el año 1939, en un pueblo cerca de Boston, Massachusetts; a los catorce años, una beca de 5,000 dólares me llevó al Colegio de la Asunción, donde los maestros eran Asuncionistas. Me gustó su espíritu, y a los veinte años decidí formar parte de su equipo.

Estudié mi filosofía durante dos años en Francia, y cuatro años de teología en Bélgica. Durante los cinco veranos aprendí el español en España, o el “cristiano”, como dicen ellos allá. En los Estados Unidos enseñé el francés, el español y el latín durante veinte años. Tengo una maestría en francés.

En 1986, me pidieron ir a México a la Parroquia Emperatriz de América, como el Ecónomo de la Comunidad; también realicé las tareas de párroco durante un período de tres años. Además de las ceremonias y las bendiciones, cuatro cosas distinguen mis treinta y cinco años aquí.

En primer lugar, desarrollé unas buenas relaciones con mi Comunidad y con algunos feligreses por medio de los juegos de mesa.

Segundo, representé varias veces el papel del Diablo en las pastorelas organizadas por nuestro grupo de catecismo.

Tercero, he tenido el honor de proclamar el “Grito de Independencia” disfrazado de Miguel Hidalgo, en nuestras fiestas patrias. A causa de eso, recibí de Roberto Campa un reconocimiento por mi aprecio por los valores culturales de la Ciudad de México.

Y cuarto, durante seis años, en colaboración con los vecinos de la colonia me dediqué a quitar los pendones de los postes. Por ello recibí reconocimientos de varios delegados y del candidato Enrique Peña Nieto. Esos reconocimientos me agradaron mucho porque para mí fueron una confirmación de la colaboración que debemos tener entre la Parroquia y la colonia, la Iglesia y el Estado.

Conoce a

Padre FlavioBustos, a.a.

Soy el P. Flavio Bustos Castillo, párroco de la Emperatriz de América desde julio de 2012. Soy religioso asuncionista de la congregación de los Agustinos de la Asunción. Nací en la Sierra Norte de Puebla, en Huauchinango, Puebla. Fui el último hijo de cuatro hermanos.


De niño fui muy inquieto y buscaba respuestas que me hicieran entender la vida y a las personas. Me gustaba estudiar y leer, y desde muy joven me impactaron los filósofos existencialistas y el gran escritor Herman Hesse, quienes fueron mis guías en esta búsqueda.


Mi familia era creyente y tenía gran apertura para proporcionar el ambiente que necesitaba este espíritu libre y rebelde.


Conocí a Jesús muy tarde, a pesar de ser bautizado de chico por mis padres. Mi experiencia con Dios fue fundamental, pues para mí fue una experiencia que iba más allá de tradiciones y conceptos sobre Él. Dios era alguien cercano que estaba conmigo y me mostraba el camino de lo que tenía que hacer. Así lo experimenté.


De joven colaboré en distintas instancias para ayudar a las personas, ya fuera como maestro o como asesor de proyectos sociales. De esta manera me involucré con varias comunidades campesinas e indígenas en México. Mis tiempos libres —y más— eran para estas comunidades que marcaron mi forma de ser.


Una experiencia misionera en Xico, en el Estado de México, me llevó a replantearme qué quería de mi vida. Pensaba ser monje y quise ser benedictino. Pero después de estar cerca de tres años con ellos, no fui aceptado por ser tan inquieto. Por revistas me enteré de los Agustinos de la Asunción. Los conocí; leí al padre fundador —Manuel D'Alzon— y me cautivó. Y me quedé con ellos.


Siendo formando estudié una licenciatura eclesiástica en Espiritualidad en la Universidad Pontifica de México, además de tener un máster en psicoterapia Gestalt y haber incursionado en varias disciplinas psicológicas.


El acompañamiento de los padres Francisco Domínguez, Leonardo Larocque y Camilo Thibault aportaron mucho a mi persona para aprender a ser un religioso asuncionista. Desde mi carisma y como religioso, he comprendido que todos somos parte del Reino de Dios, y que para mí es una pasión poder acompañar a las personas para descubrir la grandeza del Reino en nuestra vida.

Desde que entré a la Asunción tenía la intención de ser hermano religioso y jamás me imaginé la sorpresa de Dios, pues él me quería sacerdote. Fui ordenado en el 2003 en esta Parroquia de la Emperatriz.


En la congregación, he desempeñado diversos cargos: ecónomo local, formador, superior de las comunidades... Y actualmente soy superior regional de México. He sido párroco en San Andrés Totoltepec y en la Emperatriz. He servido a mi iglesia de la arquidiócesis como senador y decano por varios años.


Soy fiel al carisma religioso, amando a nuestro Señor Jesucristo —pues Él es central en mi vida—, amando a la Virgen María y a mi Iglesia. Ciertamente parece un cliché que repetimos, pero en mi persona vivir esto que he mencionado ha significado varias conversiones personales. Este soy yo, estando a su servicio por amor a nuestro Señor Jesucristo.

Padre Jesús Tlecuile Mixteco, a.a.

Me llamo Jesús Tlecuile Mixteco, nací en Magdalena Veracruz comunidad indígena. Mis Padres son Marcial y Escolástica. Soy el primero de cuatro hermanos y pertenezco a una familia sencilla que profesa la fe católica. Amo mi cultura, mis tradiciones y costumbres, pues eso me hace ser lo que soy ahora, mis raíces son mi orgullo y mi vida.

Hace aproximadamente 20 años conocí a los Religiosos Agustinos de la Asunción conocidos como Asuncionistas, gracias a la invitación del Padre Oswaldo y algunos laicos. Los empecé a conocer tanto a ellos, como a la comunidad; a su espiritualidad y al carisma de la Asunción que los distingue. Así que eché las redes acompañado a los Asuncionistas en las diferentes actividades.

Como primer paso, respondí a la invitación para participar en las jornadas vocacionales, en las misiones de semana santa y en las misiones de verano. Y desde ahí me fui adentrando en la espiritualidad asuncionista, viviendo el trabajo que hacen en las parroquias donde están presentes, ya sea como anfitriones o invitados a una misión específica.

En medio de muchas actividades, me interesé y me integré de lleno en las jornadas vocacionales y misiones que organizaba la comunidad. Los conocí como hombres de su tiempo, apasionados por el Reino. Ya con un conocimiento profundo de su espiritualidad, fue importante para mí responder al llamado de Dios que hacía tiempo venía experimentando.

En el año 2005 decidí ingresar a la Casa Manuel, en los Ejidos de San Pedro Mártir, Tlalpan, donde inicié mi proceso de formación formal con los Asuncionistas, con el objetivo de ser religioso y después convertirme en sacerdote.

Lo que más me impactó fue la vida de comunidad, sencilla, abierta y muy cercana a las personas. Me encantó la relación que tenían los padres con los vecinos y amigos cercanos a la comunidad; pues ellos podían venir a la casa cuando lo deseaban y compartirnos sus situaciones, desafíos y problemáticas, para llevarlas a Dios.

 

Fue maravillosa esa experiencia, sin barreras para poder compartir la vida con todos. Había en esa época una imagen, un corazón y en medio decía: la Asunción en el corazón de la vida, y eso era lo que yo vivía. Quería ser asuncionista para compartir lo que soy, lo que vivo y lo que me apasiona con los demás.

Los Asuncionistas en México me llevaron a vivir de manera plena la espiritualidad de nuestro fundador.

La generosidad y servicio de los laicos, religiosos y sacerdotes suscitó en mi vida no solamente ser servidor, sino fomentar el servicio desde la solidaridad. El poder ser escuchado o acompañado me hizo, desear compartir mi experiencia teniendo la capacidad de acompañar a todos en la escucha.

A lo largo de este tiempo de formación continua con los Asuncionistas, mantengo el corazón inquieto que me invita a buscar a Dios en la vida de mis hermanos, sean quienes sean. Saber compartir lo que Dios me ha dado para estar en el corazón de la gente.

Vivir la espiritualidad y el carisma de los Asuncionistas es toda una aventura para trabajar en la extensión del Reino de Dios en nosotros y alrededor nuestro.

Los que me conocen, saben que soy un ser humano sin complicaciones. Soy sencillo, alegre, abierto a los demás. Muchas veces he tenido que ser cuidadoso pues, esta manera de ser mía, me ha llevado a tener sorpresas, pues no toda la gente tiene buenas intenciones. Gracias a Dios he aprendido, y no he perdido mi esencia de ser quien soy.

La Asunción me ha ayudado a desarrollar adecuadamente mis dones y talentos y a superar todo aquello que me ha costado trabajo. Sé que nosotros somos hombres de fe y de comunión, y solidarios con los pobres. Así manifestamos que el Reino está en nosotros, y con nuestras iniciativas llevamos el Reino a los demás. Mi manera de hacerlo es llevando paz y tranquilidad eucarística a los necesitados y a mis hermanos en el hospital al que sirvo. Puedo decir que soy muy feliz con mi vocación pues me da la oportunidad de servir a los demás.

Actualmente curso una licenciatura eclesial en Pastoral en la Universidad Pontificia de México, (UPN), pues quiero prepararme para servir mejor a la iglesia en la vida de mis hermanos más necesitados. Si se encuentran algún día conmigo, sabrán que su servidor y amigo, es alguien a quien le gusta compartir la vida, desde la sencillez y calidez humana.

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