• Sébastien Bangandu

El noviciado, un tiempo de gracia

Actualizado: abr 14


Orlando, a.a.

Por su propósito en la formación religiosa, el noviciado es una experiencia de encuentro personal y constante consigo mismo y con Dios a través de la oración, la relación fraterna. Es también la oportunidad de tener mayor conocimiento del espíritu de nuestro fundador, el venerable padre Emmanuel D’alzon y su legado para la congregación, por medio del estudio de sus escritos.


Al vivir esta etapa en un país diferente, con tradiciones, cultura, idioma y expresiones de fe diferentes, es para mí una experiencia con una riqueza inexplicable, en la que pude estar atento a la voz de Cristo.


Meditar y reflexionar acerca de la vida religiosa (en la cual estaba por adentrarme más profundamente con la profesión de los votos religiosos), fue sin duda un camino lleno de aprendizaje en el que me acompañaron mis hermanos novicios, los hermanos de comunidad y particularmente el maestro de novicios quien me dio luces en los encuentros personales que tuvimos semanalmente para poder escuchar la voz de aquel que me llamó.

Fue tan enriquecedor vivir en una comunidad internacional e intercultural, en la cual se me permitió poder vislumbrar un rostro más extenso de nuestra congregación, con diferentes matices y particularidades. Fue el aporte personal que hizo de la diferencia una verdadera riqueza lo que propició un genuino y autentico encuentro fraterno, como ya lo menciona nuestra regla de vida (R.V 1 y 8), haciendo de las dificultades un movimiento unánime donde pude ver la participación activa y animosa de todos, apoyando y sirviendo siempre con vistas al reino.

Para hacer mención de las dificultades, debo decir que, la más grande fue vivir mi noviciado, en el contexto de pandemia, que vino a desestabilizar todas las realidades. Pero siendo optimista, dicha situación me ayudó a permanecer firme en la fe, a tener esperanza y ser un más perseverante.


Pudiendo vivir este tiempo de gracia y llevarlo a buen fin, es para mí motivo de mucha alegría y gratitud el poder volver a mi patria y hacer mi profesión religiosa, con la certeza y esperanza de verme acompañado por mis hermanos de comunidad y en unión espiritual con mis familiares, parientes y amigos.

Orlando Filiberto Rodríguez Mendoza, a.a.


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