• Sébastien Bangandu

Encarnar el Evangelio...


Entonces, Jesús los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos y les dijo: “No lleven nada para el camino…” (Lc 9, 2).

La misión al estilo de la Asunción fue una de mis motivaciones para entrar a la congregación, siempre ha sido un momento de compartir lo que soy con los demás. Durante esta semana santa estuve en Tepetlapa, un pueblo del municipio de Atenango del Río, Guerrero.


Es un pueblo pequeño que se dedica principalmente a la agricultura. De esta experiencia rescato tres enseñanzas: compartir lo que somos, ser sencillos y asumir nuestra realidad con alegría.

Es interesante que durante esta misión hablé más de la siembra y el cuidado de animales de campo que de cualquier otra cosa. El pueblo me enseñó a compartir lo que sé, es una manera de encarnar el Evangelio y compartir la vida en el amor.

Por otra parte, el pueblo me ayudó a vivir una semana santa de manera sencilla, pero con mucho sentido. Yo mismo me pregunté ¿qué más le puedo enseñar a una comunidad que comparte los alimentos, viven cuidándose unos a otros, que se conocen, se respetan, creen en Dios y colaboran entre ellos? Esa es la vivencia real del evangelio.

A veces en los grandes templos nos distraemos mucho en realizar extravagancias y grandes adornos, pero en la noche del jueves santo, solo bastó una mesita, plantas y velas para tener una velada de encuentro íntimo y autentico con Cristo.

El pueblo asume su realidad, no hay ambición, no quieren grandes casas ni millones de pesos, ellos reconocen su riqueza en lo que Dios les ha dado en el campo. Cualquier otra persona en la ciudad diría que ese es un pensamiento conformista o mediocre, pero muchas veces somos ambiciosos sin saberlo, aspiramos a grandes riquezas sin reconocer nuestra esencia. El pueblo de Tepetlapa me enseñó que no necesitamos demasiado para ser felices en la vida.

Finalmente, en esta misión aprendí lo que dice el evangelio, ir a proclamar el reino sin ningún apego, sin llevar arrastrando nada en el camino. Lo único que necesitamos para compartir la vida está en el corazón y en la mente.

Rafael Huerta Ramos, a.a.


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