• Sébastien Bangandu

Valorar el espacio familiar y comunitario

Queridos hermanos y hermanas;


La situación crítica que vive nuestro mundo con el corona virus nos revela que somos seres limitados, con muchas contingencias. Nuestra sociedad se encuentra sacudida y se afectan todas sus organisaciones y proyectos.


Somos conscientes del momento tan difícil que estamos pasando, pero sería bueno contagiarnos de un poco de optimismo y positividad ante tantos mensajes negativos que vienen envenenar nuestro ánimo.


Si bien hasta de las situaciones más difíciles podemos sacar algo bueno, ante la pandemia ocasionada por el COVID-19, todo el mundo está viviendo con miedo y angustia. Resulta que no estamos sacando nada bueno de esta situación. Por eso hay que animarnos a la esperanza ya que esta actitud positiva nos puede hacer más llevadero el proceso.


En México somos muy cariñosos, nos tocamos, besamos, abrazamos y se rompe la distancia. Desafortunadamente, esta situación nos hace sentir la ausencia de contacto como frialdad. Extrañamos estos gestos que día a día nos hacen sentir la presencia del otro.


Esta situación nos obliga a comunicarnos de otra manera, ya que todo nuestro trato personal se realiza a través de las redes sociales, en un espacio virtual.


Por ejemplo, en una época en la que, por los trabajos de los padres la educación de los hijos se delega a menudo a otras figuras el Corona virus nos obliga a cerrar escuelas y nos fuerza a buscar soluciones alternativas, a potenciar nuestra imaginación y creatividad en todo lo que podemos realizar como hombres y mujeres de nuestro tiempo. Además, ante esta crisis, se ocasionan situaciones solidarias que demuestran verdaderamente que el ser humano es bueno y empático.

Podemos hacer un alto forzado y aprovecharlo para disfrutar de cosas sencillas, que nos aporten bienestar. Esto podemos orientarlo en bien de la comunicación y la convivencia en nuestra familia y también en nuestra comunidad.


En una sociedad basada en la actividad, la competencia, la productividad y el consumo, en la que todos corremos, sin descanso, ni pausa, esta situación nos obliga a invertir tiempo en nuestra casa, a valorar el espacio familiar y comunitario como verdaderos hogares, en donde el ser humano se construye y se humaniza.


Si la cuarentena es una medida de prevención, la cuaresma es, al contrario, un tiempo para hacernos conscientes de nuestros virus, de combatirlos para poder experimentar la verdadera alegría pascual.


Un abrazo fraterno a la distancia !

Sébastien Bangandu Mwanza, a.a.

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